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Este colgante tiene algo de amuleto marino
Su forma de gota enmarca un Larimar de tonos celestes que recuerdan al mar en calma, con esas vetas blancas que parecen espuma moviéndose lento. Alrededor, pequeños gránulos de plata recorren el bisel como un borde orgánico, dándole textura y ese detalle que se descubre más de cerca.
Sobre él, un ópalo en el balier suma un destello distinto: más cambiante, como si capturara pequeñas luces en movimiento. El contraste entre el Larimar —más sereno, más profundo— y el ópalo —más inquieto— hace que la pieza tenga un ritmo propio.
El Larimar suele asociarse con la energía del agua: calma, fluidez, claridad. Es una piedra que invita a soltar un poco, a bajar el ruido, a conectar con algo más liviano. El ópalo, en cambio, se mueve en lo intuitivo, en lo cambiante, como una chispa que aparece y desaparece.
El resultado es un pequeño tótem que mezcla ambas cosas: tranquilidad y movimiento, profundidad y brillo. Delicado, pero con presencia. De esos que uno se pone sin pensarlo demasiado… y después no se quiere sacar.
Detalles:
**El colgante no incluye cadena, pero puedes encontrar la tuya en la sección cadenas.